En la actualidad, la escritura a mano ya no es tan frecuente como hace años. La era digital llegó para acelerar y facilitar los procesos cotidianos y brindar ayuda en las actividades que siempre se han realizado manualmente. La escritura es uno de los ámbitos afectados por la tecnología, cada vez son menos las personas que escriben en papel diariamente.
Los teclados y las pantallas tomaron el lugar del papel y el lápiz. La escritura a mano poco a poco se vuelve obsoleta y casi retro. Muchas personas eligen este formato para realizar sus actividades cotidianas y no perder la costumbre de escribir a mano.
Ciertas investigaciones han demostrado que la escritura a mano brinda importantes beneficios para el cerebro, en comparación con las herramientas digitales.
Durante el proceso de la escritura a mano participan varios sentidos que estimulan el cerebro. Mellissa Prunty, investigadora de la Universidad de Brunel de Londres, realizó un estudio en el que comparó la escritura a mano con el aprendizaje.
Mellissa explica que el uso de lápiz, bolígrafo y papel, es una habilidad cognitivo motora que requiere de nuestra atención y favorece la concentración y fijación de la memoria. La escritura a mano activa más conexiones cerebrales que intervienen en el aprendizaje y la memoria.
Un estudio realizado por la Universidad de Yale en Estados Unidos, llegó a la conclusión de que las personas con letra desprolija suelen ser más inteligentes. El estudio fue publicado en la revista The American Journal of Psychology.
Esta investigación sugiere que existe una relación directa entre la agilidad mental de las personas y su capacidad cognitiva. La escritura a mano conecta ciertas acciones físicas con reacciones psicológicas y cerebrales.
Según los expertos, la escritura a mano brinda información sobre ciertos aspectos psicológicos de una persona. Aquellas personas con un mayor rendimiento académico en todas las etapas de su vida, suelen tener una caligrafía más desprolija y fea acompañada de una ortografía impecable.
El estudio se realizó con las muestras de apuntes de niños de diferentes edades y con cocientes intelectuales distintos. Los resultados demostraron que los niños con letra más fea o poco prolija, reflejaban habilidades cognitivas superiores al resto.
Según Arnold L. Gessel, miembro del estudio, las personas con caligrafía más desprolija suelen valorar más la información que procesan por sobre la calidad de la letra.