La gaseosa es una de las bebidas más consumidas en todo el mundo. Las hay de distintas marcas, tipos y sabores. Indistintamente, esta bebida impacta en la salud general de forma impresionante a largo y corto plazo.
Según el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, el consumo diario o frecuente de bebidas azucaradas como la gaseosa, está enteramente vinculado a distintas afecciones de la salud como obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades renales y cardiopatías, así como problemas dentales y hepáticos.
Según el Instituto Argentino de Efectividad Clínica y Sanitaria, el consumo de gaseosa y otras bebidas azucaradas, desencadena aproximadamente 357.000 casos de diabetes tipo dos al año en varones y 282.000 en mujeres. Una investigación realizada por el IECS explica que otros factores como el sedentarismo, antecedentes hereditarios y mala alimentación, incrementan esta condición.
Además, el consumo de gaseosa y otras bebidas con azúcar está ligado a casos de sobrepeso y obesidad en adultos, niños y adolescentes. Por otra parte, la salud cardiaca de las personas se ve afectada por el exceso de gaseosas sumado a un aumento en los casos de niños con caries o cuestiones dentarias.
Un estudio realizado por la Universidad de Michigan llegó a la conclusión de que el consumo regular de gaseosa aumenta la mortalidad: se pierden 12 minutos de visa por cada lata de gaseosa. Los investigadores, además, descubrieron que otros alimentos ultraprocesados como los panchos, también quitan minutos de vida.
La gaseosa contiene ingredientes artificiales que a largo plazo generan efectos concretos en la salud y bienestar. Por ejemplo, el aspartamo es un edulcorante compuesto por aminoácidos que aportan el sabor dulce característico a las bebidas industriales. Este compuesto está ligado a la aparición de problemas de ansiedad y diabetes según lo explicado por los expertos.
Por suerte, algunos alimentos aumentan la esperanza de vida. Comer pescado, frutas, verduras y alimentos más naturales y orgánicos producen el efecto contrario al de las gaseosas. Esos 12 minutos de vida perdidos por cada lata de gaseosa pueden evitarse mejorando la alimentación e incrementando el consumo de ingredientes sin edulcorantes artificiales.