Gracias a sofisticadas tecnologías de escaneo, las imágenes revelaron estructuras preservadas por depósitos minerales como la pirita, producida por microorganismos en el sedimento. Esta evidencia permitió a los científicos documentar la presencia de madrigueras extensas creadas por organismos similares a gusanos y pepinos de mar.
La dinámica de este ambiente extremo resulta paradójica para los expertos. Las planicies abisales circundantes, ubicadas a menor profundidad, muestran menos diversidad y actividad biológica que las zonas más profundas de la fosa, donde las comunidades bentónicas prosperan gracias a los nutrientes transportados desde la superficie.
Mediante análisis geoquímicos detallados, el equipo de investigación determinó que las entregas regulares de sedimentos actúan como un mecanismo de renovación para el océano profundo. Este proceso atrae a especies oportunistas que aprovechan el oxígeno y los nutrientes recién depositados, generando un ciclo vital que se perpetúa con cada nueva llegada de material.
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Algunas de las imágenes que llevaron al descubrimiento.
Un ecosistema en constante renovación
Los pepinos de mar emergen como protagonistas clave tras el descubrimiento en este sistema submarino, donde su actividad colonizadora marca el inicio de un ciclo ecológico complejo. Después de cada depósito de sedimentos, estos organismos del océano profundo acuden rápidamente para aprovechar los recursos disponibles.
El agotamiento gradual del oxígeno en los sedimentos da paso a comunidades microbianas especializadas, que a su vez atraen a invertebrados que se alimentan de estos microorganismos. Este ciclo dinámico demuestra la sorprendente capacidad de adaptación de la vida en las profundidades del océano.